martes, 29 de agosto de 2017

Quizá llegue la noche

Quizá llegué la noche
y me encuentre en el alero 
de los desubicados
igual que un pájaro triste
observando las cometas
el cielo que atardece en tus brazos
con la desidia de abril
mientras en la sombra del día
la benevolencia nocturna del aire acaricia
las lomas de tierra
y enciende los candiles
como ojos de gato que esperan en silencio
y buscan al tacto siluetas de amantes
que tiemblan en sus ojos
en aquellos recuerdos que no han de morir
porque escuchan el rumor del mar
y despliegan sus alas al momento
y se van de la mano calle arriba
para huir o quizá para quererse
dejando atrás el sonido de sus pasos
y el brillo de tus labios
que aún no han perdido sus libélulas
a pesar de la penumbra
que se cierne sin piedad sobre este valle
de estrellas apagadas
y rumores lejanos
que regresan sin orden
del cajón donde guardas la nostalgia
y los primeros versos de un poema
que aún busca la palabra precisa
en el libro de un corazón herido de quererte.












miércoles, 23 de agosto de 2017

El nombre de las cosas


Todo tiene nombre.

Llamamos puerta a la puerta,
ciudad a la ciudad,
frontera a aquello que desune,
soledad a aquello que sucede
cuando no hay nadie a quien llamar por su nombre,
nadie con quien caminar 
por una calle sin nombre.

Llamamos destino a las calles sin nombre,
miedo a la niebla que se enzarza en los ojos,
en la tenue luz donde las sombras se ocultan
en sus cuerpos de sombra.

Llamamos amor a aquello que sucede
si en la noche invocamos a alguien por su nombre
y esas luces que llamamos estrellas
expanden un cielo sin niebla y sin sombras
que deshace la puerta, la ciudad,
el nombre de las cosas,
la frontera que sin duda nos desune.















viernes, 4 de agosto de 2017

Tarde extraña


Te has vestido de ayer, de tarde extraña;
de dos copas vacías, de silencio;
del abrazo que huye de mi cama,
de una piel vaporosa como el tedio.

Te has vestido de noche en la mañana,
de verso sin final, de luz de flexo;
de timbre mudo, de buzón sin ganas;
del aire que no se llevan tus besos.

Se me clava tu ausencia en la garganta,
se me clavan los días en la frente;

la nube perfumada que hoy empaña
tu lado del sofá; la adusta manta,

y un termo de café, que está reciente, 
por si vuelves, en una tarde extraña.



sábado, 29 de julio de 2017

Días de verano

Son ligeros 
los días de verano,
la luz sincera de nuestro dormitorio,
este limpio amanecer
que sabe deslizarse como un beso.

Son ligeras 
las calles  cuando somos
dueños del asfalto y la desidia
que desanda Madrid sin diligencia,
sin un reloj que mida la palabra,
sin un mañana que hable de nosotros.

Son ligeras 
las blancas avenidas,
las sombras indecisas de los toldos,
la mano que resbala por mis dedos,
la pulcritud precisa de las voces
que suenan como alfombras.

Son ligeras 
las plazas distraídas,
la espumosa caricia de la tarde,
la consciencia más dócil de nosotros,
las risas que acompañan el sonido
de las conversaciones.

Son ligeros 
los hombros que rodeo,
los labios que dibujan tu sonrisa,
la calle apacible que ilumina
la llama febril de las estrellas
que habitan las ciudades.

Son ligeros 
los días de verano,
la piel sincera de nuestro dormitorio
y este tibio anochecer
que sabe deslizarse como un beso.


domingo, 23 de julio de 2017

Yesterday

Ayer
todos los problemas parecen tan lejos,
tan lejos como el sol herido de la noche eterna,
tan lejos como una despedida.

Creo en el ayer,
en la canción azul del calendario,
en la mirada blanca del silencio
que regresa de las horas melancólicas
y traza siluetas en las fotografías.

Por qué tuvo que irse.

Ayer
es un lugar donde ocultarme,
la misma habitación que observaba la luna
a tientas en la oscuridad sonora,
cuando todo eras tú y yo solía
rodearte en mis brazos de agua.
El amor era un juego demasiado fácil.
El tiempo es un tahúr con las cartas marcadas.

Por qué tuvo que irse.
Quizá fue inadecuado aquello que no dije.

Ayer
todos los problemas parecen tan lejos.