sábado, 28 de abril de 2012

Juventud




Recuerdo
la vereda blanca,
la brisa danzaba sobre el río,
bañados por el agua de los primeros versos
que fuimos tu y yo.

Transitábamos juntos el sendero de Mayo
con la primera luz,
arropados
por la vegetación y la osadía
que tuvo lo posible, la brisa
danzaba sobre el río,
agitaba las ramas de los sueños,
la falda de la rosa primitiva.

Como savia vertida por el roble,
Como hojas frescas tendidas en la sombra,
Como piedra rodada que bajara hacía el río
Como una certeza
contuvimos
el color
reflejado
de lo eterno;
en la palma de las manos aquél mundo
el vergel que recuerdo
desde un balcón lejano
asomado al teatro del crepúsculo.

A la tarde aquel tren tan solitario
que surcaba el silencio
entonaba canciones y viajeros sin rostro
saludaban al aire y la inocencia;
el caracol descendía despacio por la hiedra
para amarte sin tiempo.

Recuerdo
la casa familiar
del tiempo detenido,
las horas eran piezas de un reloj
tan desarmado
y una sonrisa tuya marcaba los minutos
y entonces era el río,
la sombra y la vereda,
la tarde y aquel sueño imposible de tenernos
para siempre.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Vivo del verbo amar



Vivo del verbo amar, vivo del verso
que nace de sus párpados sinceros,
robado por tus ojos bandoleros
vivo del verbo amar, vivo del beso

que me hizo de tus labios un converso,
que no es la noche noche en tus luceros
si me iluminan blancos los senderos
que tiendes para darme el universo.

Vivo de comprender que por ti vivo,
que eres el puerto que al amar arribo,
mi oasis de ciudad, el paraíso

que ve mi corazón cuando así escribo,
y sin vivir en mí, en ti yo vivo.
En ti quiero morir, con tu permiso.



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lunes, 14 de noviembre de 2011

Taquilla del destino


A Miguel                   


He sabido que marchas,
me dicen, a un invierno apalabrado.
Taquilla del destino;
dígame, queda tiempo?
Yo quisiera un billete a última hora,
tumor en clase turista,
no está la economía para lujos.

Esta tarde de Septiembre
que con un sol de ocaso ha convertido
el cielo en una antorcha,
que acompaña
un tren de vuelta a casa
cerrándose en la noche,
que tiene la llanura de lo triste,
en algo te recuerda.

Sobre los desiertos
de ciudad en lumbre
los ojos del cristal se han preguntado
cuales serán los trazos de tu viaje,
los lugares que señalas en el mapa
a mano alzada
y temblor firme.
Nadie como tú para entender
la historia oculta de los edificios,
los rincones del mundo
que caben en la guía de un viajero.

He sabido que marchas,
me dicen, a un invierno apalabrado.
Taquilla del destino;
dígame, queda tiempo?
Factúreme los sueños,
el amor de los míos,
sé que debo pagarle sobrepeso.

Esta tarde de Septiembre
que regresa en un tren de vuelta a casa,
viste de luz oscura,
se desploma sobre el mapa.
Dime, queda tiempo
para conversar,
acompañarte acaso.






miércoles, 28 de septiembre de 2011

Las Azoteas






Si la tarde no me trae tu nombre,
si las ásperas flores de la noche son el único vestigio
de no tenerte; podría decir que los espejismos
anidan en las azoteas.
Si el verano remiso, con su muerte lánguida,
no me recuerda tu rostro,
si es lo mismo respirar que adormecerse;
podría también asegurar que los tejados
se parecen a tu espalda,
que la luna es el sol pálido que espera
encontrarte tras las sombras.

Y hoy que la tarde no me trajo tu nombre
la inconveniente noche irrumpe y me pregunta
si no fuimos acaso un espejismo.



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jueves, 11 de agosto de 2011

Cortina del alba




La pereza
se ha duchado antes que yo.
Viene hacia mí, envuelta
en su bata transparente como el mar
de una playa sincera;
abre mis ojos despacio,
mientras nadie amanece. La noche
escapa con la espalda desnuda
por salidas de emergencia
y hoy no le pido que ordene los rincones
ni que cambie las toallas que conservan
la piel de mi regreso,
el vello desprendido de los sueños. La habitación navega
lejos de mañanas que vienen de golpe
tras noches de saldo;
se abre tímidamente
la cortina del alba.


Hay algo en esta luz al sur del sur
que rompe las baldosas,
que brota sobre el pecho
en ríos sigilosos;
que cuelga el cartel de no molesten,
hay personas respirando.
Y puede ser distinto existir,
abrir una mañana y no encontrar
una prisa en la puerta,
la corbata de un martes,
una sombra vacía
que aguarda el primer paso
hacia no sabe dónde.
Y puede ser distinto existir
al sur del sur,
que su cuerpo desnudo,
sus curvas pronunciadas
hagan surcos en la tierra y me pregunte
si mañana ha de volver.


En un horizonte de mar temprano
con la piel en calma,
una patera de sueños no encuentra
su patria.
De qué sirve besar las banderas
si naufragan los sueños. Sobre el mar
hay rostros que recuerdo,
rostros con la calidez de una mejilla,
briznas dispersas de sol, faroles
que Iluminan refugios abiertos
en campos de sombra.
El mar es la nostalgia en mis manos,
su bruma escapa libre, distinta,
y me empapa su espuma,
y me echo en sus brazos
porque hay días como puertos
como hay días que parecen hormigueros.


Se abre tímidamente
la cortina del alba
y una brisa de sal entra despacio,
sin hacer ruido en los ojos
y con sus labios eternos besa el mundo y yo,
carne de hormiguero,
abandono mis trincheras,
miro al frente,


y recibo la mañana como un puerto.


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martes, 2 de agosto de 2011

Poemas de amor



Pongamos que un día de estos
aprendo a escribirte
poemas de amor.


La mañana
te persigue en un verso,
remueve el frío del café,
frío como el alba de tu ausencia,
y recuerda la noche
vorágine en tu vientre,
mis labios desesperados
avanzando en la penumbra
como un funambulista que confunde
la palabra amor con el abismo.
Eso había en tus ojos,
dos abismos.
Y aun así la noche
era tranquila como un mar en calma,
la luna pintaba diademas de plata
sobre tu pelo,
senderos en tu piel,
trazos en la locura.
Eso había en tu piel.
Senderos.
Abismos.
Locura.

Pongamos que un día de estos
aprendo a escribirte
poemas de amor,

que me atrevo a decirte
te amo, I love you, je t'aime,
que me gustas cuando callas
porque estás como presente,
como una tarde de Abril de un invierno propio,
hecha de aromas y silencio,
de brumas, de primavera.
Eso había en tu boca,
primavera
y la eterna maldición de no olvidarte.

Pongamos que un día de estos
aprendo y te escribo
poemas de amor.

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domingo, 8 de mayo de 2011

Briznas de estaño



Causa perdida, corazón extraño,
monólogo triste , cielo aplomado,
cada golpe de viento fue posado,
fue destruido en la sombra del antaño.


No hubo llanto que enjugar, llanto huraño,
tan solo esquelas del amor amado,
aire hiriente, silencio retoñado
en recuerdos hechos briznas de estaño.


No hubo más que decir, ya estaba dicho,
se hizo el fin; enfangados en el lodo
enterramos los besos en su nicho.


No hubo más ni hubo menos: hubo todo,
todo eso que por cosas del capricho
perdimos algún día, de algún modo.