domingo, 15 de mayo de 2016

Lisboa




Hay en tu rostro una nostalgia de océano, 
una desidia de cuerpos sumergidos
bajo el deseo de una estrella errante,
tal vez la pesadumbre del viajero que regresa 

envuelto de noche y raíles
y recuerda las luces de Chiado, 
la terraza del cielo,
el jardín de azoteas,
la soledad de dos;


y regresa cada noche de Lisboa
con la dulce humedad de sus cenizas, 

el sentir de Pessoa y la tibieza
de un albornoz de hotel,
y persigue la sombra de la luna
al son del fado de la voz herida;


regresa con preguntas que no tienen respuesta, 
pregunta por la calma del tiempo en los tranvías, 
por el viento agitado del Atlántico
donde espuma el deseo que eriza la piel

y asciende a unos labios por las calles estrechas 
de Lisboa en la lluvia de Octubre;

regresa sin saber que regresa,
sin regresar del todo,
con los ojos abiertos en penumbra,
como si entendiera después de tantos años 

que nada hay más cierto que la duda
como nada más cercano que dos cuerpos 

bajo una estrella errante.


martes, 27 de octubre de 2015

Poema posible de amor



Pudiera ser que te declare amor
usar palabras como fuego o locura,
decir te arropo la mirada con mis ojos
mientras murmuran por ti las alamedas.

Pudiera ser que te declare amor,
usar palabras como eterno o infinito, 
bruñir la calma de un ocaso en nuestro nombre
sobre algún cielo mortecino de poniente.

Pero quizá  prefiera este silencio
donde puedo esperarte como eres,
donde puedo ofrecerme sin razones,
deambular por la calle de tus luces,
deambular por las calles de tu falda
mientras pienso francamente qué seria
de la vida sin ti.



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domingo, 26 de julio de 2015

Amor Antiguo

En las horas escasas,
cuando proclaman los gorriones
su atardecer pacífico,
un amor que duerme en los baúles
amarillento y frío,
un amor antiguo y solitario
es tierna compañía.

Porque hay aceras que aguardan 
una cita temblorosa en el reloj,

Porque hay poemas que buscan
el calor de una lámpara de noche,

Porque hay rincones que añoran
la sombra perfilada de unos cuerpos,
su balada tardía de ciudad,
la profunda intimidad de su penumbra.

Porque hay velas, terrazas, dormitorios,
en la seda apacible de una noche,
en el carmín extinto de algún beso,
en la amable mirada del vacío.


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Lista de Tareas

Uno de Julio 
del año en que vivimos
bajo este sol excesivo de verano,
las primaveras arrastran 
su equipaje sin orden
con el paso quebrado de la duda,
hay inviernos 
que nunca se terminan 
y el otoño 
se pliega y nos pregunta
si las fechas 
transcurren en su orden,
si hubo días 
sin lista de tareas,
si hubo acaso ocasión para vivirte.

Se que vas a decirme que hace falta
recoger las decepciones si nos llueve,
que no he cambiado de agua a las tortugas,
que alguien cambie de dueño a las tortugas,
cada ser merece un tiempo digno,
un espacio, un amor, una nostalgia,
un sueño, un propósito, un vacío 
que llenar cuando todo se le niega,
que no he ordenado el trastero de la casa,
que alguien venga a ordenar nuestro trastero,
que se lleve todo aquello que no sirve,
el odio, la miseria, la tristeza,
la levedad, la muerte, la amargura,
que he de pintar de blanco tu silencio,
que no debo abusar de esta desidia
que se esconde en los atardeceres,
que debo abrir la ventana de tu noche,
abrazar tu cuerpo, tus espacios, tu perfidia,
tu energía, tu aura, tu cansancio.



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jueves, 11 de septiembre de 2014

Las Edades del Tiempo

Algún jueves cualquiera, de mañana,
en la espera de un tren.
Se deja llevar por el andén
bajo una luz tranquila.
Conversa con el joven que a su espalda,
suavemente,
hace girar las ruedas de su silla.
Tengo nietos de tu edad
                                  le va diciendo
mientras en su cabello se deshacen los ríos
en acequias de plata.

Son cascadas de invierno.

El hombre joven,
joven y extranjero,
sonríe sus palabras, sus miradas, sus gestos,
aunque no la comprenda
porque viene de lejos.
Pero ha visto en su rostro un hogar
donde cabe su pecho.

Mozo joven
                     le dice,
tú tendrás una moza que te quiera.
Cómo pasan los años,
¡ay si tú lo supieras!
Si tuviera tu edad yo te querría
como una primavera.

La mano tierna del joven no rehuye la nieve,
mesa las hebras de plata
donde ella guarda los años 
y algún recuerdo furtivo 
con el rubor inocente
que hay en cualquier mediodía.

Cinco minutos para el tren
dice una voz que proviene
de alguna parte del cielo.

Yo quisiera
que en el lugar donde marcho 
fueran eternos los días,
fueran las noches de trapo;
eso le iba diciendo
con un hilo de voz abandonado
como aquél primer beso.

Cuídese, mi princesa, ya la subo al vagón.
Que le abriguen los sueños.

Una sonrisa con rubor de plata
es la forma perfecta 
de cualquier despedida.

Que le abriguen los sueños.

Ella sueña que vuelven 
a verse en el andén,
a su regreso,
y ella baja lozana de un caballo de hierro
y le mesa el cabello
y le toma las manos
y su hilo de voz se le devuelve
y un susurro le brota de su pecho
y le dice sin miedo

yo ya tengo tu edad, yo ya te quiero.

Cuídese, mi princesa.
Que le abriguen los sueños.


Algún jueves cualquiera, de mañana,
en la espera de un tren.
En el andén del tiempo,
bajo una luz tranquila,
hay un joven que empuja
una silla vacía
y hay un tren que se aleja hacia el olvido.



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