Todo tiene nombre.
Llamamos puerta a la puerta,
ciudad a la ciudad,
frontera a aquello que desune,
soledad a aquello que sucede
cuando no hay nadie a quien llamar por su nombre,
nadie con quien caminar
por una calle sin nombre.
Llamamos destino a las calles sin nombre,
miedo a la niebla que se enzarza en los ojos,
en la tenue luz donde las sombras se ocultan
en sus cuerpos de sombra.
Llamamos amor a aquello que sucede
si en la noche invocamos a alguien por su nombre
y esas luces que llamamos estrellas
expanden un cielo sin niebla y sin sombras
que deshace la puerta, la ciudad,
el nombre de las cosas,
la frontera que sin duda nos desune.
la frontera que sin duda nos desune.