sábado, 24 de noviembre de 2012

Otoño ( I )









Rendido
a la doméstica zozobra que produce
saberse el enemigo,
al silencio en la piel
que vino a prevenirnos del invierno,
algún otoño debe invocarse 
en el cielo de tu nombre.

Si te llamas amor,
si tienes un segundo que no acoja
la sombra de la noche,
si traes un pozo de luz,
un manantial de treguas destilando
alcohol sobre tus labios;
si te llamas amor,
en la copa vacía del deseo
yo podría esperarte.

Yo podría esperarte
con la noche entreabierta,
la mirada perdida
del abrazo desierto,
el murmullo del templo
donde nada se adora.

Yo podría esperarte.

Si te llamas amor,
si tienes un segundo que no acoja
la sombra de la noche,
no descarta la vida
que algún otoño deba invocarse 
en el cielo de tu nombre.






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viernes, 22 de junio de 2012

Melomanía







Suena la voz del lirio,
con un viento de nostalgia acaricia
la crin de la ciudad. La noche gira
tendida en un vinilo
a treinta y tres revoluciones solitarias,
un saxofón araña
todos los bulevares.

Sentado en el quicio de la lluvia,
ella llega despacio, camina
sobre notas de humo, levemente
habla sola o con la luna
paseando a la luz de su arrebol mientras confiesa
que olvidó la melodía,
que vive de un amor en sol menor,
que me buscaba en todos los silencios

                                                (allí su pecho dulce
canción de contrabando)

Han palpado sus labios
tres acordes de jazz y una caricia.

Como en un duermevela he suplicado
que me lleve con ella

                                      (de su mano
por el manso jardín donde las horas
deshojaban la fronda de la vida)

Alguna vez ahogamos nuestras penas
tan ávidos de amor
en el vaso de bourbon de la noche.

Alguna vez tan sólo fuimos aire,
la sombra de un albatros.



En noches como esta la esperaba sin tiempo
asomado a la baranda de la lluvia
y ella bajaba
                     de una estrella
                                             susurrando

el amor es una brecha que nos sangra hacia adentro.
La noche trae una bruma de tristeza,
un candil a la vera de sus labios.
Suena la voz del lirio,
con un viento de nostalgia acaricia
la crin de la ciudad.










sábado, 28 de abril de 2012

Juventud




Recuerdo
la vereda blanca,
la brisa danzaba sobre el río,
bañados por el agua de los primeros versos
que fuimos tu y yo.

Transitábamos juntos el sendero de Mayo
con la primera luz,
arropados
por la vegetación y la osadía
que tuvo lo posible, la brisa
danzaba sobre el río,
agitaba las ramas de los sueños,
la falda de la rosa primitiva.

Como savia vertida por el roble,
Como hojas frescas tendidas en la sombra,
Como piedra rodada que bajara hacía el río
Como una certeza
contuvimos
el color
reflejado
de lo eterno;
en la palma de las manos aquél mundo
el vergel que recuerdo
desde un balcón lejano
asomado al teatro del crepúsculo.


A la tarde aquel tren tan solitario
que surcaba el silencio
entonaba canciones y viajeros sin rostro
saludaban al aire y la inocencia;
el caracol descendía despacio por la hiedra
para amarte sin tiempo.

Recuerdo
la casa familiar
del tiempo detenido,
las horas eran piezas de un reloj
tan desarmado
y una sonrisa tuya marcaba los minutos
y entonces era el río,
la sombra y la vereda,
la tarde y aquel sueño imposible de tenernos
para siempre.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Vivo del verbo amar



Vivo del verbo amar, vivo del verso
que nace de sus párpados sinceros,
robado por tus ojos bandoleros
vivo del verbo amar, vivo del beso

que me hizo de tus labios un converso,
que no es la noche noche en tus luceros
si me iluminan blancos los senderos
que tiendes para darme el universo.

Vivo de comprender que por ti vivo,
que eres el puerto que al amar arribo,
mi oasis de ciudad, el paraíso

que ve mi corazón cuando así escribo,
y sin vivir en mí, en ti yo vivo.
En ti quiero morir, con tu permiso.



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lunes, 14 de noviembre de 2011

Taquilla del destino


A Miguel                   


He sabido que marchas,
me dicen, a un invierno apalabrado.
Taquilla del destino;
dígame, queda tiempo?
Yo quisiera un billete a última hora,
tumor en clase turista,
no está la economía para lujos.

Esta tarde de Septiembre
que con un sol de ocaso ha convertido
el cielo en una antorcha,
que acompaña
un tren de vuelta a casa
cerrándose en la noche,
que tiene la llanura de lo triste,
en algo te recuerda.

Sobre los desiertos
de ciudad en lumbre
los ojos del cristal se han preguntado
cuales serán los trazos de tu viaje,
los lugares que señalas en el mapa
a mano alzada
y temblor firme.
Nadie como tú para entender
la historia oculta de los edificios,
los rincones del mundo
que caben en la guía de un viajero.

He sabido que marchas,
me dicen, a un invierno apalabrado.
Taquilla del destino;
dígame, queda tiempo?
Factúreme los sueños,
el amor de los míos,
sé que debo pagarle sobrepeso.

Esta tarde de Septiembre
que regresa en un tren de vuelta a casa,
viste de luz oscura,
se desploma sobre el mapa.
Dime, queda tiempo
para conversar,
acompañarte acaso.