martes, 9 de febrero de 2010

Sobre la mar



Pude entrever su sonrisa coralina a la primera luz de la mañana. Una brecha dorada, que surgía desde el horizonte e iba a desembocar en el alma, aún la hacía más hermosa, aunque poco necesita la hermosura para lucirse.

La inmensa llanura azul se extendía a nuestro alrededor por cada uno de los puntos cardinales, e iba a fundirse en su frontera con el cielo aún tímido del día naciente; en tanto el silencio mostraba su veneración, acompañando a la solemne orquesta sinfónica de los elementos en la ejecución de aquella obertura irrepetible. Las ondas de paz se iban alejando de nuestros pies como mensajeras de sueños, hacia lugares que sólo los sueños conocen, y en semejante escenario, fui transformándome en una simple molécula de aire, invisible, fundido con cada gota de agua, con cada suave destello, sin pasado, sin futuro, la memoria arrinconada, invadido por los colores y las formas perfectas de la existencia.

Aquella brecha dorada me abrió el corazón, y aún en las noches solitarias, cuando cierro los ojos, sin pasado, sin futuro, estoy allí…

allí como una ráfaga de viento girando alrededor de los sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario