jueves, 10 de diciembre de 2009

Tiempo de Navidad


Tiempo de Navidad. Camino despacio por el centro comercial, acompañado de mi familia. La tarde está algo más agitada de lo habitual para un día festivo y, sin embargo, no dejo de percibir una sensación de calma, de armonía, desde el momento en que se cerraron tras de nosotros las puertas correderas del recinto. Y me doy cuenta de que no puedo desviar la mirada de las luces navideñas que engalanan el corredor, y aunque sigo escuchando las voces cercanas, me voy aislando del mundanal ruido, como hipnotizado. Hay mucha gente, pero como si de un oasis en el desierto se tratara, ahí están ellas, ajenas a todo, expandiendo a lo largo de la avenida sus buenas vibraciones, reclamando nuestra atención para darnos un respiro ante la vorágine habitual de estos lugares y de estas fechas. Su quietud elegante, su humilde altivez, actúan a modo de contrapunto contra la actividad frenética, contra el consumismo exacerbado. Y quizás, sólo quizás, si las observamos bien, puede que también nos ayuden a comprender el verdadero sentido de las tradiciones, cualesquiera que fueren nuestras creencias.

Que la paz y la concordia se alojen en cada uno de nuestros hogares.

Es tiempo de Navidad.

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